lunes, 25 de mayo de 2009

Administración Privatizadora de la Educación

José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP.

Con el proyecto educativo neoliberal que viene rigiendo la educación peruana desde los años 90, se ha impuesto en el Perú un espíritu privatizador del servicio social educativo, que también se da en los servicios de la salud y la seguridad social, configurando una visión de la vida de los ciudadanos atada a lo privado, a tal punto que lo colectivo y lo estatal han sido minimizados, retirados de la vivencia de las personas para convivir con los demás: un espíritu individualista y, en el fondo, conformista, pues la explicación última que se tiende a dar a los fundamentos de la existencia social e individual es la demiúrgica del mercado y de la libre empresa para ordenar la vida social y subordinar al hombre a estos dos factores considerados como “lo natural” que no se puede alterar (véase: XESÚS R. JARES. Educar para la verdad y la esperanza. En tiempos de globalización, guerra preventiva y terrorismos. URGENCIAS. Editorial Popular. Madrid. Primera edición, 2009. Cap. I, pp. 27-66). Este es el espíritu que ha dominado la actuación de las más altas autoridades del gobierno fujimorista, que explican los fabulosos robos perpetrados, la propia educación de los hijos de Alberto Fujimori con dinero de dudoso origen y que, increíblemente, Keiko Fujimori privilegia como una virtud en su preparación profesional y, sin ningún escrúpulo, un factor “positivo” para su campaña por la presidencia del Perú, nada menos. Pero este espíritu neoliberal no se ha debilitado con la derrota política del fujimorismo en el Perú: tanto el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) como el actual de Alan García Pérez (2006-2011), han insuflado a todas sus políticas de la visión privatizadora como fundamento ideológico, lo que explica el continuismo de las privatizaciones a todo nivel. Este espíritu, qué duda cabe, se difunde a raudales a través de los grandes medios de comunicación (RPP, todos los diarios capitalinos y los canales de TV), cuyos programas son pagados por grandes empresas que son presentadas, por los “líderes de opinión”, como los soportes de servicios a la comunidad, como es el caso del INTERBANC, cuyo demagógico concurso “El maestro que deja huella”, enmascara el sistema de créditos que esquilma a los maestros, cuyas necesidades de supervivencia obligan a recurrir a endeudarse casi de por vida, pero que el “educador” León Trahtemberg, entre otros, presenta, en RPP, como una gran reivindicación a los maestros (!!).

Del dogma al Pragmatismo Neoliberal.

Uno de los postulados más importantes del dogma neoliberal es el que equipara la ciudadanía a la situación de consumidor en que se resuelve el intercambio entre unas cuantas empresas, que monopolizan el gran comercio de bienes y servicios privados, y la gran masa de los consumidores en las condiciones impuestas por aquellas. Ciudadano = consumidor, tal es la ecuación del dogma neoliberal, que lleva a considerar la irremediable conclusión de pasar de la educación como derecho a la educación como mercancía, deducción muy bien aplicada por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y los Tratados de Libre Comercio (TLC) en su capítulo sobre el comercio de mercancías (servicios = mercancías). Tal es el marco ideológico de las políticas educativas neoliberales, que deriva en el pragmatismo neoliberal como instrumento para lograr resultados inmediatos y tangibles en función de la economía de libre mercado y, en el nivel micro, el afán de ganancia fácil de los comerciantes de la educación, la salud y la seguridad social.

El dogmatismo neoliberal, cuyos 35 años de aplicación en Inglaterra y toda América (excepto Cuba) sólo ha logrado, en el campo de la educación, más ahondamiento de la crisis estructural que la agobia, ensayándose, año tras año, como ocurre en Chile y Perú, cambios curriculares para enmendar los entuertos de Fujimori y Pinochet, sin resultados dignos de valorarse como positivos. Es que la pedagogía no resuelve, por sí sola, los problemas de la crisis educativa, pues ésta no es, en primer lugar, pedagógica, sino estructural, es decir, una crisis que se define en el campo de la economía y las relaciones sociales. Creer que reacondicionando el currículo y capacitando a los maestros para que “cada cual conquiste el salario que se merece”, no es sino una utopía, vale decir, una ilusión, un sueño de opio, que el educador y sacerdote católico Paulo Freire se encargó de invalidar desde los años 60. La pedagogía, con el maestro como el principal orientador de su aplicación en el aula y fuera de ella, actúa bajo condiciones determinadas por las políticas educativas: presupuestales, de infraestructura, laborales, investigativas, de servicios sociales, de planificación de la educación, de administración científica del proceso educativo…

El dogma neoliberal no puede, de ninguna manera, orientar políticas educativas, entre ellas las orientaciones pedagógicas, que conduzcan a producir un proceso de enseñanza-aprendizaje integral (uso el término integral y no el traído desde el mundo empresarial, calidad, tan socorrido hasta por nuestros izquierdistas criollos). Sus promotores y administradores, a todo nivel, no pueden sino dedicarse a la mera administración de la crisis educativa que, en el Perú, ha sido casi una constante, lo que explica las más de 20 reformas educativas en menos de 200 años de vida republicana. La actual crisis, que pretendió ser resuelta por la reforma velasquista de los 70, ha devenido en más profunda con la privatización neoliberal, su constructivismo o “nuevo enfoque” de competencias y otros galimatías, cuyos mentores van cambiando cada vez que necesitan justificar su presencia en el Ministerio de Educación.

El caso de la administración de la Educación en Loreto.

Por supuesto que no tenemos, hasta hoy, ningún gobierno regional en el Perú que haya logrado promover una educación pública integral, planificada, de interrelación entre el desarrollo económico-social y el proceso educativo. Son subsidiarios del proyecto neoliberal, y no solamente en el terreno de la educación. El gobierno regional de Puno, por ejemplo, carente de un proyecto integral de desarrollo, ante el evidente fracaso de unificar a su población en torno a una alternativa transformadora, ha derivado en la vieja propuesta del federalismo, sistema de organización estatal que carece de sentido renovador, menos todavía revolucionario (ver: JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, el ensayo sobre el centralismo. Varias ediciones).

El justo y contundente paro regional de los maestros de Loreto, realizado el 21 de mayo 2009 bajo la conducción de su sindicato, El Sindicato Unitario de los Trabajadores en la Educación de Loreto (SUTE Regional Loreto) y sus bases provinciales de Maynas, Alto Amazonas, Mariscal Castilla, Nauta, Requena y Ucayali, ha puesto con mayor evidencia el carácter neoliberal de la administración de la educación en esta región, bajo la responsabilidad de una directora regional que salió a amedrentar a los docentes con las amenazas del descuento por “día no laborado”, como si los maestros peruanos organizados en el SUTEP no supieran, por experiencia propia de casi cuarenta años de lucha, que realizar una paralización laboral significa un sacrificio salarial, y que nunca se ha mendigado que “por favor, no nos descuenten”. Este riesgo de todo trabajador que lucha explica, precisamente, la existencia de “amarillos” y boicoteadores de la lucha social, cuyo ingenuo argumento es “no perjudicar a los niños”, como si los maestros en huelga no tuviesen, también, hijos que “se perjudican” cuando no hay clases. Agréguese que las amenazas de descuento es el denominador común de todos los ministros de educación y de sus funcionarios, amén de los funcionarios intermedios, sin haber logrado evitar las luchas magisteriales.

Resulta que los dirigentes del SUTE regional Loreto y del SUTE Maynas han descubierto la entraña corrupta, aprovechadora y neoliberal (ese espíritu neoliberal del que hemos hablado en el primer parágrafo de este texto) de los administradores de la educación, en un documento llamado “Convenio” entre la Dirección Regional de Educación de Loreto (DREL) y una escuela privada de reciente creación, “La Científica” (¿?), propiedad de un familiar del Gerente de Asuntos Sociales del Gobierno Regional de Loreto (GOREL), José Valera Torres, ex Director de la DREL.

Además de constituir una contradicción entre el supuesto proyecto de mejorar la escuela pública y la autorización casi indiscriminada y muy alegre para el funcionamiento de más centros educativos dedicados al negocio, los administradores de la educación loretana convienen en dotar a ese centro “científico” de maestros pagados por el Estado, lo que quiere decir que, a costa de la escuela pública, ellos deciden favorecer, en este caso, a quien busca, simplemente, el lucro con las pensiones y otros cobros a sus clientes que tienen, seguramente, la ilusión con convertir a sus hijos en “profesionales exitosos” matriculándolos en ese centro privado. Pero donde la inmoralidad política salta como la liebre es cuando se comprueba que el dueño del mencionado centro educativo privado es cuñado del mencionado Gerente de Asuntos Sociales del GOREL. No es casual que otra funcionaria de la DREL, la profesora Gladis Ríos, sancionada por irregularidades cometidas cuando el gobierno aplicaba a los maestros la prueba estandarizada, mediocre y punitiva, tenga hoy su propio centro educativo privado. Nuevamente se comprueba que, bajo el amparo de la actual constitución fujimorista y el Decreto 882 de 1996, también fujimorista, más la nueva Ley General de Educación 28944, promulgada por el ex Presidente Toledo el 2003, la privatización de la educación sigue su marcha.

Los dos casos que estamos mencionando, aun a costa de hacer más aburrido este texto, nos dan una mejor idea del espíritu neoliberal que inspira a nuestros administradores de la educación, desde el Ministerio de Educación hasta la Asamblea Nacional de Rectores, cuyos máximos funcionarios son propietarios o promotores de la educación privada. En manos de estos funcionarios, la educación pública no tiene otro destino que seguir languideciendo. Todo el discurso que vierten no es sino la demagogia camuflada de “buenas intenciones”. Al final, para mucha gente, los maestros son los que deben responder por la crisis educativa del país. Sería conveniente que se investigue, en todo el país, las relaciones entre centros privados y los administradores de la educación pública, incluyendo la composición de la carga laboral de esos centros.

Corresponde a los maestros organizados en su sindicato y a los docentes universitarios dedicados a formar educadores un trabajo de construcción de una alternativa de nueva educación para el Perú. Esa alternativa no puede tener otro fundamento programático que la escuela publica para todos los peruanos. El proyecto educativo del SUTEP, redactado en 1992, es una base importante, aunque los neoliberales lo hayan ninguneado a lo largo de estos años. Es una tarea necesaria, presente, ineludible.

Iquitos, capital de la Amazonía peruana, mayo 23 del 2009

lunes, 27 de abril de 2009

LA ESTAFA DE LA CARRERA PÚBLICA MAGISTERIAL

José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP

ANTECEDENTES NECESARIOS .

El hecho más relevante en los casi 20 últimos años, aunque no por ello positivo para la educación peruana, ha sido la reforma educativa neoliberal que el fujimorismo impuso en la década de los 90 como parte, qué duda cabe, del proyecto económico-social neoliberal en su conjunto.

Tal reforma educativa, como el proyecto neoliberal en general, no fue derrotada con la debacle de ese régimen vende patria y corrupto. Sin deslindar con ella, el gobierno transitorio de Valentín Paniagua dio paso a un denominado “Acuerdo Nacional por la Educación” que formuló un documento cuyos lineamientos generales no contradecía el carácter privatizador de la herencia educativa fujimorista. Quienes formaron parte del grupo que elaboró el documento, incluyendo al Secretario General del SUTEP de ese período (2000-2001), bajo la hegemonía de los integrantes de Foro Educativo, consideraron que con orientaciones pedagogistas se enfrentaría la crisis educativa. No abordaron, por ejemplo, el problema de la privatización de la educación que tenía una ley específica que la promovía (DL 802, de 1996, vigente aún). Mucho menos se interesaron por la vigencia de los derechos de los maestros, cuya carrera pública establecida por la Ley 24029 y su Ley Modificatoria No. 25212, había sido prácticamente liquidada desde marzo de 1991.

El gobierno de Alejandro Toledo, con el “izquierdista” Nicolás Linch como Ministro de Educación, hizo suyo el documento del “Acuerdo...”, sobre la base del cual el mencionado Ministro elaboró sus “Lineamientos” para el período 2001-2006, pero, al mismo tiempo, prosiguió con la aplicación de las pruebas estandarizadas a los maestros para contratarlos y nombrarlos, levantando como “creación heroica” la tesis tecnocrática de la “meritocracia”, que años después el gobierno aprista quiso aplicar a los profesores universitarios, incluido el meritocrático Linch, quien, sin recordar su campaña contra los maestros y su sindicato, tuvo que rechazar también. Pero el gobierno de Toledo, secundado por un Parlamento de mayoría neoliberal, avanzó con la promulgación de la Ley General de Educación (28044) en el 2003, norma que legaliza todo lo actuado por el fujimorismo, incluido el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación, de impronta pinochetista y que el fujimorismo había ensayado a través de un Decreto Ley de 1992, año en que impuso el Decreto Ley de municipalización de la educación.

Como es de conocimiento público, el gobierno aprista actual es más fujimorista que Fujimori en la aplicación del proyecto neoliberal. En materia educativa, además de introducir pequeños cambios en el currículo impuesto por Fujimori-Montesinos, se está esmerando en imponer la municipalización de la educación y en proseguir con la evaluación estandarizada de maestros y estudiantes, con el demagógico objetivo de “mejorar la calidad de la educación”. Pero su mejor faena es, hasta hoy, en materia educativa, la promulgación de la Ley de Carrera Pública Magisterial, antecedida de una campaña de evaluación que la dirigencia nacional del SUTEP no pudo enfrentar con la fuerza pedagógica necesaria, pues al dudar sobre la tendencia del rechazo que venía de las regiones y provincias y al carecer de argumentos para rebatir a un ignorante en pedagogía como José Antonio Chang, propició la derrota del gremio y la creación de una opinión pública favorable a las evaluaciones estandarizadas, por tanto, a la imposición de una carrera pública magisterial que es, desde todo punto de vista, una gran estafa para la educación, para los estudiantes, para los padres de familia y, por supuesto, para los maestros.

Con una actitud soberbia y evidentemente triunfalista, el gobierno aprista ya empezó a aplicar su ley y está propiciando que los maestros se adapten a la nueva escala profesional.

LA GRAN ESTAFA.

La nueva Ley de Carrera Pública Magisterial elimina todos los derechos de los maestros peruanos. No necesito ser minucioso para demostrar lo que afirmo como punto de partida general, pues la dirigencia actual del SUTEP, luego de un período de 8 años de vacilaciones, ha publicado un comunicado (ver La República de Lima, 23/04/2009, p. 9) que desbarata todos los argumentos de quienes, desde el Ministerio de Educación, del Poder Ejecutivo, del propio Parlamento y de un periodismo venal e ignorante, vienen pontificando sobre los “jugosos salarios” que percibirán los maestros peruanos.

En la Ley hay dos elementos fundamentales que niegan el significado mismo de carrera pública magisterial desde un punto de vista de la profesión docente. El primer elemento se refiere a las posibilidades de que todos los maestros puedan ascender hasta los niveles IV y V para alcanzar tan importante remuneración. La Ley está hecha para que la gran mayoría de los maestros permanezcan en los niveles inferiores, pues hay porcentajes y tiempos de permanencia en cada nivel que limitan esas posibilidades. Esta lógica conduce a impedir que los maestros reclamen mejores salarios, pues tienen que conquistarlos a través de las evaluaciones estandarizadas, complementadas con maestrías y doctorados, gran negocio para las universidades, obligando a los docentes endeudarse para pagar esos estudios. En consecuencia, la Ley está hecha para que el Estado ahorre más en salarios docentes, un objetivo eminentemente neoliberal, pero también para enriquecer más a los dueños de las universidades privadas, en una competencia que degenerará más los estudios de postgrado, como viene ocurriendo en Brasil.

El otro elemento es la aplicación de la evaluación estandarizada a los maestros a efecto de introducir ellos no solamente una visión parcializada y unidimensional del conocimiento, convirtiendo a la pedagogía en un mero razonamiento verbal y matemático, instrumentalismo puro, pragmatismo pedagógico; sino también convertir a la carrera pública magisterial en un campo de competencia individualista entre docentes, quienes solamente estarán interesados en ganar puntajes a como dé lugar en vez de preparar bien el proceso enseñanza-aprendizaje.

No es cierto, pues, que con la nueva Ley de Carrera Pública Magisterial ganará la educación peruana, ni los padres de familia, mucho menos los maestros. La estafa es evidente.

MAESTROS A LUCHAR.

Nunca debió haberse pronunciado la palabra “perdón” por no haber participado en las tramposas evaluaciones impuestas por el neoliberalismo aprista, como ocurrió en el 2007 desde la dirigencia nacional del SUTEP. Esta actitud envalentonó a los neoliberales encaramados en el Ministerio de Educación. Propició en los maestros un espíritu de derrota moral y hasta profesional. El contenido del comunicado del 23 de abril 2009 expresa, en gran medida, la recuperación del espíritu de lucha de los maestros peruanos, aun cuando la confrontación que se avecina demandará de estos mucho sacrificio. No luchar contra un proyecto neoliberal que ha demostrado su fracaso en toda América es negar el papel que ha cumplido el SUTEP en la historia del nuestro país desde la década de los 70, rol sistemáticamente negado por los detentadores del poder político y mediático.

El magisterio mexicano, argentino, chileno, ecuatoriano, hondureño, canadiense, estadounidense, etc., han rechazado la estafa de las evaluaciones estandarizadas y la supuesta carrera magisterial sustentada en aquéllas. ¿Dirán nuestros intelectuales criollos y nuestros periodistas acomodaticios que los millones de maestros de América y sus sindicatos temen ser evaluados porque son “burros”?

En esta lucha está la pedagogía como arma ideológica de los maestros, esa ciencia que no puede confundirse con el “liderazgo” que propugnan los empresarios de ESAN y los dueños de universidades que se han apoderado de las instituciones educativas del Estado.

Hay que advertir que el gobierno aprista está gastando grandes cantidades de dinero en la propaganda para animar a los maestros a inscribirse para ser evaluados. Ha tenido que librar partidas presupuestales para incentivar a los maestros que ya están en el I Nivel de la nueva carrera pública magisterial, a efecto de que los que “aún no están” vayan presurosos a esa manipulación académica.

La lucha del magisterio nacional debe ser acompañada por las facultades de educación de las universidades públicas, pues también éstas son agredidas al poner en duda su propia capacidad para formar maestros. Es penoso que un ingeniero industrial con un pasado estudiantil nada claro, comerciante, además, de la educción a través de la Universidad Privada San Martín de Porres, sea hoy el operador de turno de la destrucción de la escuela pública y de la profesión docente.

Lima, abril 24 del 2009

¡ No a la Evaluación Neoliberal Aprista en el Perú !

jueves, 16 de abril de 2009

MUNICIPALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN: FRACASO ANUNCIADO

Lic. José Ramos Bosmediano, Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP.

Desde que el gobierno neoliberal del hoy condenado Alberto Fujimori lanzara la orden de municipalizar la educación, basándonos en los antecedentes de la reforma educativa chilena de Pinochet y su municipalización fracasada, desde el sindicato que dirigimos en aquella década (1990-2000) advertimos que esta política no tenía el objetivo de “descentralizar” la educación para “hacer más eficiente la gestión” y lograr el “mejoramiento de la calidad”, sino que buscaba disminuir las responsabilidades económicas del gobierno central en función del ahorro fiscal en materia educativa, con graves consecuencias para la escuela pública, por ende, para la gran mayoría de niños y jóvenes que son matriculados en ella; pero también para los propios docentes que no tendrían ningún derecho a reclamar a los alcaldes sus reivindicaciones económicas. Se denunció el signo privatizador de la municipalización de la educación. El fujimorismo lanzó hasta tres veces el desfachatado proyecto. Las tres veces debió de recular frente al esclarecimiento de sus reales objetivos.

En el marco de la nueva Ley General de Educación (28044) promulgada por el gobierno de Alejandro Toledo con el ignorante apoyo parlamentario de todos los “demócratas” de aquel Parlamento (2001-2006), el actual gobierno del señor Alan García Pérez, también con la complicidad de los actuales parlamentarios, ha puesto en marcha, desde el 2007, el plan piloto de la municipalización de la educación. Los apristas pueden denostar del fujimorismo todo lo que quieran, pero no pueden negar que son fieles herederos de toda la política económica, social y cultural del neoliberalismo impuesto por el socio de Montesinos. Son, incluso, más diligentes para seguir vendiendo el país y proseguir con la privatización de los servicios sociales, como la educación y la salud. La destrucción real de la carrera pública docente es, en el mismo sentido, el cumplimiento de lo que el fujimorismo no pudo realizar.

Volvemos nuevamente al tema de la municipalización de la educación a raíz de los permanentes reclamos de uno de los alcaldes distritales de Lima: del señor Juan Manuel del Mar, Alcalde del distrito de Santiago de Surco, quien, entusiasmado por la municipalización, aceptó, presuroso, “el reto”, como suelen decir desaprensivos -cuando no ignorantes- alcaldes que se han comprometido con la administración de la educación sin saber exactamente lo que harán.

El Alcalde del Mar, desde el 2008, viene reclamando al gobierno central, a través de los medios de prensa, la transferencia del dinero para administrar la educación, pues los recursos de su municipalidad son insuficientes para enfrentar los nuevos gastos que supone la tarea asumida en materia educativa. Y téngase en cuenta que su distrito es uno de los más solventes de Lima Metropolitana, en el mismo nivel elevado de ingresos que Miraflores, La Molina y San Isidro. Como el gobierno central no le ha escuchado, hoy plantea, agobiado por el problema en el que se ha involucrado, no pagar el IGV Impuesto General a las Venta) al Estado para que ese dinero se invierta en el mantenimiento de las escuelas, la capacitación de los maestros, la edición y distribución de libros a los estudiantes y docentes, la entrega de computadores a los centros educativos, etc. Después de haber aceptado, irresponsablemente, asumir la administración de la educación en su distrito, hoy, irresponsablemente también, pretende quedarse con el IGV que corresponde al gobierno central. ¿Qué hará si no le aceptan tan peregrina propuesta? No se sabe. Podría reconsiderar la municipalización aceptada y devolver las escuelas al Ministerio de Educación; o hacer lo que las autoridades provinciales de la Argentina cuando se vieron imposibilitados de seguir manteniendo las escuelas: crear nuevos impuestos para los gastos de la educación en su jurisdicción, lo que llevó a derivar la responsabilidad de sufragar los gastos educativos a los padres de familia y al pueblo en general, precisamente lo que busca el neoliberalismo. El grito desesperado del Alcalde del Mar (véase La República de Lima, 14/04/2009, p. 22) tiene el tufillo demagógico de quien oculta su incapacidad para tomar decisiones sobre asuntos que desconoce y que, en realidad, no le competen. Del Mar, con la misma ingenuidad con la que aceptó “el reto”, dice ahora: convoco a toda la comunidad educativa a sumar voluntades para mejorar la calidad educativa y formar mejores ciudadanos con valores”. No hay duda que este Alcalde se ha contagiado de la demagogia del Presidente Alan García, del Ministro de Educación José Antonio Chang y su Viceministro Idel Vexler Talledo, cuyas declaraciones permanentes nos recuerdan los discursos triunfalistas de los reformadores fujimoristas, de triste recordación.

Lo que está ocurriendo con el Alcalde Juan Manuel del Mar es el anunciado fracaso de la municipalización de la educación en el Perú, fracaso ya ocurrido en los países americanos donde se ha impuesto la mencionada política educativa.

Lima, abril 4 del 2009
¡ Apostemos por una nueva educación en nuestro país !
GRACIAS POR TU VISITA