Se ha venido exagerando la adecuación del currículo en el proceso de la descentralización de la educación al considerar que con la diversificación curricular se puede satisfacer las necesidades y aspiraciones de las regiones y localidades en materia de educación y cultura.
Al respecto, es recurrente la crítica que se hace a los ejemplos que establecen los textos escolares cuando señalan elementos naturales y culturales de otras regiones, donde las especies vegetales comestibles son diferentes, o en el caso de los cuadrúpedos, aves y peces. Igual ocurre con la mención de hechos culturales, como el transporte, la propia alimentación, etc. Esta observación carece de valor pedagógico suficiente, pues al excluir el estudio de lo que podríamos llamar la “geografía alimentaria” de regiones que no son las nuestras, se estaría mutilando el estudio de las riquezas naturales de la nación. El problema de fondo no está en “provincializar” o en “regionalizar” los ejemplos en el proceso enseñanza-aprendizaje que, por lo demás, tiene, en sus fines, objetivos, métodos y procedimientos no solamente nacionales, sino universales, productos del desarrollo de la pedagogía como ciencia. ¿En qué quedaría la interculturalidad como uno de los ejes pedagógicos?.









